miércoles, 14 de noviembre de 2012

Charcos en el camino

Bueno, otra lectura de la infancia… tampoco es que sea un número uno, pero me trae muy bonitos recuerdos.


Charcos en el camino, se desarrolla en Septiembre del año 1940 en Inglaterra, tres niños que ven como en pocas horas su barrio es destruido por las bombas que caen de los aviones enemigos, son testigos de cómo su calle, la tienda donde compraban hasta el día anterior sus alimentos, son destruidos, las escuela, ya los autobuses dejaran de pasar y son suspendidas las clases de manera indefinida, viven muchas aventuras relacionadas con la gran Guerra, cuando son trasladados y hasta separados para ir a una parte del país más segura para ese momento, hasta que se rencuentran con su madre, y le cuentas de sus vivencias y de cómo fueron testigos de cómo había Charcos en el camino a su ciudad, de ahí el titulo de este maravilloso cuento.
 

Y la verdad es que se ha escrito mucho (por desgracia) sobre niños en tiempos de guerra, pero creo que es una manera sutil (y no bélica) de hacérselo llegar a los pequeños de la casa.

Creo que, por desgracia, siendo más niña leía más libros que ahora, supongo que tras tantísimos tomos de libros de estudio y de consulta durante los años de carrera han tenido mucho que ver.

¡Pero prometo retomarlos!

Diario de un ama de casa: los primeros cambios

Como con todo, hay que adaptarse a las circunstancias y situaciones…y el crecer es una de esas cosas que entran en esa lista.


La verdad es que los cambios siempre sientan bien, y en esta ocasión, aunque signifique un pequeño esfuerzo más, no me pesa para nada, estoy feliz de adaptarme a los pequeños cambios de la vida de mi hija.
En el momento en el que a los pequeños les empiezan a salir a los más pequeños las muelas y demás dentición, los alimentos que les ofrezcamos deben ser acordes a ellos. Así pues, manos a la obra y a modificar nuestro plan de comida, que ya aparecía en un post anterior (http://tuturebolutu.blogspot.fr/2012/10/organizando-un-poco-el-hogar-diario-de.html) y aunque lo que planteo ahora está muy bien para bebes o niños de a partir de un año, el resto de mamás pueden consultarlo por si les sirve de ayuda. He de decir también que, por cuestiones de horarios, también lo hemos puesto acorde a nuestros intereses.
  • Lunes: Pasta con verdura // Verdura y de postre algo dulce.
  • Martes: Nuggels de pescado y verdura.
  • Miércoles: Pasta con salsa de tomate.
  • Jueves: Verdura y pavo.
  • Viernes: Nuggels de pescado y verdura.
  • Sábado: Guiso de carne con patatas // Filete de pollo a la plancha con patatas al vapor.
  • Domingo: Cocido madrileño // Lentejas // Cualquier guiso del tiempo.

En cuanto a las cenas, también han cambiado, pero bastante menos; como hemos introducido por completo el huevo, de vez en cuando ponemos tortilla de patatas o tortilla francesa; también el pan y el pavo, por supuesto. De momento el queso tiene poco éxito, pero todo se andará, no tenemos prisa.
 
Como veréis, ha cambiado sensiblemente al anterior, pero la verdad es que mi hija también, y este tipo de menú se parece más a lo que nosotros mismos comemos. Me gustaría indicar que, los nuggels (o como se escriba) han sido el último recurso al que hemos recurrido, llevábamos dos o tres semanas intentando que comiese pescado (lubina, merluza, etc) sin demasiado éxito. Así que, por el momento nos vamos a conformar con este pequeño gran paso.

Espero que os sirva de algo, aunque también acepto recomendaciones que puedan ayudarme en la mejor alimentación de mi hija.

 

martes, 13 de noviembre de 2012

Una de miedo

Los miedos son algo muy relativo, van siempre en función de la etapa en la que nos encontremos.


No sé a vosotros, pero a mí hace unos años lo que me preocupaba era llegar tarde a casa o que la fiesta a la que fuese no estuviese lo suficientemente animada después de haber pasado un día “ploff” en clase o en el trabajo. Pero eso ha cambiado, el punto 0 ha sido la maternidad (con los cambios personales que conlleva) Ahora me preocupa que la pequeña duerma, esté bien alimentada, que no pase frío ni calor, que se divierta, que sea feliz… de vez en cuando pienso también en que mi marido se encuentre bien, y de paso yo también.
 
Soy consciente de la necesidad de preocuparme un poco de mí misma, pero dejo a un lado (de momento) ese pensamiento. Me preocupa también la escolaridad de mi pequeña, de si será el lugar adecuado para ella (soy de las que piensan que TODO no vale para TODOS), si el entorno en el que nos encontramos es el mejor, si favorecerá su infancia…

¿Es pronto para tener estos pensamientos? Creo que no, hace un suspiro estaba en el paritorio, y ahora me encuentro de regreso de la fiesta de su primer cumpleaños… Ahora estamos planteándonos colocar el árbol de Navidad y su decoración (tradición en muchos hogares), el Belén lo vamos a dejar para otro año. Somos conscientes de la inteligencia de los pequeños, ¿por qué no de su memoria? ¿Por qué siempre es demasiado pronto para ellos? Sinceramente, creo que no, pienso que son capaces de mantener un recuerdo, o una asociación de cosas (invierno-navidad, por poner un ejemplo; y cuántos somos los que hemos asociado este hecho)

¿Vosotros qué pensáis? ¿Tenéis los mismos miedos ahora que hace unos años? ¿Qué os ha hecho cambiar?

sábado, 10 de noviembre de 2012

Su primer cumpleaños

Y ya se acabó el día de fiesta y los días posteriores de resaca… y algunos más, que son los que hemos tardado en regresar.


Ahora bien, el día del cumple de la pequeña ha sido INOLVIDABLE, genial, perfecto, vinieron las personas que esperábamos, y aunque faltaron algunos, mi pequeña tuvo cerca a aquellos que, prácticamente, la han acompañado desde que se supo de su existencia. Me siento orgullosa por ello, sé que hay personas que la quieren bien.

Un rato antes del comienzo de la merienda, mi marido y yo nos fuimos con la pequeña al lugar de la celebración, para hacer una pequeña decoración de globos y alguna guirnalda, la piñata…en fin, esos detalles, y de paso para ver cómo había quedado el asunto de la tarta.

Lo pasamos bomba hinchando globos y colocando cosas, viendo la forma que tomaba todo poco a poco.

Ya lo siguiente fue la colocación de la tarta, bocadillos, dulces, pinchos de fruta, bebidas varias… vamos, lo que viene siendo una merienda en toda regla. Y finalmente, los invitados. Que ilusión, q ganas de verlos y darles un abrazo.

Poco a poco fueron llegando, saludándonos y dándole a mi pequeña los presentes que les tenían guardados. Ella disfrutó no sabéis cuánto abriéndolos, y nosotros viéndola. Perfecto.
 
Os podéis imaginar el desarrollo de la fiesta… pero les teníamos preparada una sorpresa a los invitados, pero sólo se llevaría a cabo si ellos querían. Eran dos juegos “Yo (mi bebé) digo” y “Mis cosas”; el primero consistía en diferentes tipos de abrazos (se dieron situaciones muy divertidas como una amiga mía y mi padre, que tuvieron que hacer un "sandwich" de abrazo a mi tío), y el segundo en adivinar cosas de nuestra hija (comidas favoritas, juegos, actividades…todo lo que se aprende día a día, pero que por cosas de la distancia, ellos no podían saber del todo, y eso que hablo bastante con algunos por whatsapp, internet o teléfono) Las risas fueron muchas y creemos que todos lo pasaron muy bien.

Organizar el cumpleaños de mi hija es de las cosas más bonitas que he hecho en mucho tiempo, personalmente lo vivo como la construcción de las bases de un recuerdo de su vida, ¿acaso hay algo más importante?

Vacaciones de Otoño

Después de unos días de vacaciones en Sevilla, ya estamos aquí. Lo hemos pasado genial con la familia y amigos, y la peque se ha divertido muchísimo.


Ha sido toda una experiencia, tanto el viaje como la organización de su cumpleaños, no os podéis hacer la más mínima idea, sobre todo porque el viaje lo hemos hecho sin gps ni móvil. Me imaginaba como en antaño, en un carromato tirado por 4 caballos… por imaginación que no sea.
Atravesar un país en coche se hace muy pesado, pero hacerlo con un bebe puede ser un caos si no se tienen unas mínimas consideraciones, nosotros tuvimos algunas y nos fue bastante bien. Salimos a las 6 de la mañana, con el coche cargado y una hora más tarde de lo que esperábamos, la lluvia y el no querer espabilar demasiado a la pequeña tuvieron mucho que ver. Paramos a desayunar pasada Barcelona, en un área de descanso de la autopista; a repostar en una gasolinera en la carretera Valencia-Madrid; a almorzar en Madrid; a merendar a casi 400 km de Sevilla; y llegamos, finalmente a Sevilla a las 8 de la tarde.
 
 

Si no paramos más fue porque la pequeña fue prácticamente dormida todo el camino, y nosotros estábamos bien.
El retorno fue más o menos igual… pero con una inmensa carga de pena de tener que regresar… que poco nos gustan las despedidas.

Por último decir que hay que tener mucho cuidado al volante, pero sobre todo cuidad a las personas que tengáis cerca, nunca se sabe cuando dejarán de estarlo ni el motivo. Un beso muy fuerte a todos.